Fuente imagen: Laboratorio de Reducción de Riesgos Socionaturales, 2024
Durante las últimas semanas que afectaron a gran parte del país y al Maule, coinciden que las lluvias intensas vuelven a instalar el debate sobre infraestructura, prevención y sistemas de alerta.
TALCA. El paso de los recientes sistemas frontales que afectaron al país y a la Región del Maule, volvió a instalar la pregunta ¿Estamos realmente preparados para el próximo? sin embargo, cuando la emergencia termina, esa urgencia suele diluirse y muchas de las discusiones sobre prevención quedan postergadas hasta el siguiente evento extremo, ya que desaparecen las imágenes de ríos desbordados, calles anegadas o viviendas afectadas, porque el agua baja y el foco se desvía hacia otras prioridades.
Desde la Dirección de Obras Hidráulicas (DOH) del Ministerio de Obras Públicas, en tanto, explican que uno de sus principales desafíos es ejecutar permanentemente acciones preventivas de conservación de la infraestructura existente y desarrollar nuevas obras de protección considerando la incertidumbre hidrológica asociada al cambio climático, sumado a la necesidad de incorporar nuevos escenarios en el diseño de infraestructura cada vez más resiliente. También destacan que se requiere coordinación permanente entre los distintos servicios públicos, municipios y otros actores involucrados; identificar zonas de riesgo con información hidrológica actualizada; fortalecer la planificación territorial y contar con planes de contingencia que permitan responder oportunamente, cuando los pronósticos alerten sobre eventos extremos.
Jara, agregó que “la infraestructura seguirá siendo fundamental, pero también necesitamos saber qué está ocurriendo cuando enfrenta una crecida. Si no contamos con información en tiempo real, seguimos tomando muchas decisiones con un nivel de incertidumbre que hoy la tecnología permite reducir”.
Desde el mundo académico, Octavio Rojas, investigador del Centro EULA de la Universidad de Concepción, dijo que “uno de los principales desafíos, es avanzar desde una gestión predominantemente reactiva hacia una gestión verdaderamente preventiva”, añadiendo que a su juicio, prevenir no significa eliminar completamente las inundaciones, sino evitar que un fenómeno hidrometeorológico vuelva a transformarse en un desastre social y territorial.
Asimismo, el investigador sostiene que los sistemas de alerta temprana deben apoyarse en un monitoreo continuo, que integre información en tiempo real sobre niveles de ríos, nieve acumulada, capacidad de almacenamiento de embalses y condiciones de los sectores críticos de cada cuenca, porque ampliar las redes de monitoreo e integrar la información disponible entre las distintas instituciones permitirá fortalecer significativamente la preparación frente a futuras inundaciones, sosteniendo que “la memoria institucional y comunitaria debe fortalecerse y preservarse, porque el olvido favorece que se repitan decisiones que vuelven a producir riesgo”.
Fuente: Diario La Prensa, 5 de agosto, 2026